
Hace buen tiempo que no me paseaba por aquí, la razón es un tanto simple: quienes me dijeron que cuando llegas a tu terminal de la carrera ya te la puedes pasar holgazaneando me mintieron! De hecho ahora estoy más ocupado que nunca: servicio social, clases, tesis, tareas y demás son solo ejemplos. Pero más allá de las quejas vienen las buenas noticias, y es que si Dios permite este es el último año de estudios, que ya casi es medio. En fin, dejando a un lado las lamentaciones vamos al motivo de escribir en esta ocasión:
En esta semana que acabamos de terminar, una situación muy curiosa ha llamado mi atención, el hecho de haber prometido dar mi punto de vista del porque rechazo las adopciones por uniones de personas del mismo sexo y no hago tanto insistencia por cuanto respecta a aquellas uniones, situación que me ha comentado más de un buen amigo parece una promesa con ánimos de evitar una postura de mi parte y quedar bien con todos. Así, en esta ocasión pretendo dar mi pequeña opinión, para que no se piense que me estoy haciendo un lado del torrente. Pido de antemano una disculpa por parte de aquellos a quienes mis -como siempre “ácidos”- comentarios puedan incomodar.
Hechas las precisiones anteriores veamos que hay sobre esto; para comenzar digamos que respecto a las uniones de personas del mismo sexo, seria prudente recordar que es la “conciencia” la primera cuestión que debemos respetar por tanto si la conciencia de estas personas les indica que están haciendo lo correcto –aunque este equivocada- debemos respetar su conciencia, pues de no hacerlo entonces con que cara vamos a exigir lo que llamamos: “libertad de conciencia” (no se olvide que en nombre de esta los cristianos nos hemos negado a participar en algunos actos que la sociedad ha legitimado por la vía jurídica, como lo es el caso de los médicos –quienes se han denominado objetores de conciencia- que se han negado a practicar abortos en el Distrito Federal). Así, si una pareja gay quiere vivir en común no veo problema alguno, de hecho como algún sociólogo amigo me ha dicho con un tono un tanto sarcástico: ¡con el tiempo se darán cuenta que el vivir juntos trae consigo más broncas que beneficios!
Otro detalle seria el hecho del como denominar a estas uniones, algunos se desgarran las vestiduras diciendo que no pueden denominarse como “matrimonio” y que lo prudente es denominarles como se ha hecho en otras naciones: “sociedades de convivencia”, “sociedades en común”, etc. Otros por su parte se deshacen la garganta proclamando que son en rigor “matrimonios” porque de no aceptarse entonces hay discriminación (bendito sea el artículo 1º de nuestra Carta Magna que ampara este derecho a no ser discriminado, llamándolo: Dignidad Humana, garantía individual que es tan extensa que como muchos juristas consideran es más grande que nuestra propia legislación y que a pesar de ello nadie la alcanza a entender, jeje). En fin, el problema aquí de fondo es que en esencia no pueden estas uniones denominarse “matrimonio” no porque no se quiera, sino porque la palabra en esencia proviene del género femenino -“madre, matriarca, matriarcado”-, luego entonces en el caso de las uniones de mujeres quizá siendo benévolos no haya problema, pero el caso de las uniones de varones no tiene sentido imponerles esta denominación, porque simplemente uno se pregunta ¿dónde esta la mujer que le da sentido a esta denominación en aquella unión?
Así con esas consideraciones viene un asunto en esta problemática que si me parece más delicado que los anteriores, pero que expondremos en la próxima entrada –porque aquí ya nos hemos extendido como tianguis, jeje- : la Adopción por parte de uniones de personas del mismo sexo.
Por cierto espero comentarios, ha y no se preocupen por mi sensibilidad ya saben que todo se me olvida.
Dios mediante nos estamos saludando!
En esta semana que acabamos de terminar, una situación muy curiosa ha llamado mi atención, el hecho de haber prometido dar mi punto de vista del porque rechazo las adopciones por uniones de personas del mismo sexo y no hago tanto insistencia por cuanto respecta a aquellas uniones, situación que me ha comentado más de un buen amigo parece una promesa con ánimos de evitar una postura de mi parte y quedar bien con todos. Así, en esta ocasión pretendo dar mi pequeña opinión, para que no se piense que me estoy haciendo un lado del torrente. Pido de antemano una disculpa por parte de aquellos a quienes mis -como siempre “ácidos”- comentarios puedan incomodar.
Hechas las precisiones anteriores veamos que hay sobre esto; para comenzar digamos que respecto a las uniones de personas del mismo sexo, seria prudente recordar que es la “conciencia” la primera cuestión que debemos respetar por tanto si la conciencia de estas personas les indica que están haciendo lo correcto –aunque este equivocada- debemos respetar su conciencia, pues de no hacerlo entonces con que cara vamos a exigir lo que llamamos: “libertad de conciencia” (no se olvide que en nombre de esta los cristianos nos hemos negado a participar en algunos actos que la sociedad ha legitimado por la vía jurídica, como lo es el caso de los médicos –quienes se han denominado objetores de conciencia- que se han negado a practicar abortos en el Distrito Federal). Así, si una pareja gay quiere vivir en común no veo problema alguno, de hecho como algún sociólogo amigo me ha dicho con un tono un tanto sarcástico: ¡con el tiempo se darán cuenta que el vivir juntos trae consigo más broncas que beneficios!
Otro detalle seria el hecho del como denominar a estas uniones, algunos se desgarran las vestiduras diciendo que no pueden denominarse como “matrimonio” y que lo prudente es denominarles como se ha hecho en otras naciones: “sociedades de convivencia”, “sociedades en común”, etc. Otros por su parte se deshacen la garganta proclamando que son en rigor “matrimonios” porque de no aceptarse entonces hay discriminación (bendito sea el artículo 1º de nuestra Carta Magna que ampara este derecho a no ser discriminado, llamándolo: Dignidad Humana, garantía individual que es tan extensa que como muchos juristas consideran es más grande que nuestra propia legislación y que a pesar de ello nadie la alcanza a entender, jeje). En fin, el problema aquí de fondo es que en esencia no pueden estas uniones denominarse “matrimonio” no porque no se quiera, sino porque la palabra en esencia proviene del género femenino -“madre, matriarca, matriarcado”-, luego entonces en el caso de las uniones de mujeres quizá siendo benévolos no haya problema, pero el caso de las uniones de varones no tiene sentido imponerles esta denominación, porque simplemente uno se pregunta ¿dónde esta la mujer que le da sentido a esta denominación en aquella unión?
Así con esas consideraciones viene un asunto en esta problemática que si me parece más delicado que los anteriores, pero que expondremos en la próxima entrada –porque aquí ya nos hemos extendido como tianguis, jeje- : la Adopción por parte de uniones de personas del mismo sexo.
Por cierto espero comentarios, ha y no se preocupen por mi sensibilidad ya saben que todo se me olvida.
Dios mediante nos estamos saludando!

