
Bueno estamos ya en el umbral de Día de Muertos, así que el siguiente relato de esos que he leido y me han gustado mucho tiene el objetivo de celebrar estas fechas, se los comparto y que lo disfruten:
A por cierto es un buen día para volver a ver el Exorcista, ojala se animen, todo un clasico de terror!
VAMPIRISMO
ERNEST THEODOR AMADEUS HOFFMANN
Tres amigos estaban reunidos en una fría noche charlando de cuentos de terror y misterio, Silvestre les aseguro que de sólo pensar en el vampiro se estremecía.
-A mi entender, un vampiro chupa sangre de los vivos para continuar con su vida de muerto- decía.
Para el amigo Lotear, acostumbrado a los relatos de diablos y brujas, no dejaban de ser seres malditos que se enterraban muertos para salir de su tumba y chupar la sangre de quien duerme o se pierde en los bosques y a si mismo se transforman a otros en vampiros. Hungría cuenta con aldeas convertidas a vampirismos y es sabido que para eliminarlos se debe atravesar su corazón con una estaca y quemar el cuerpo.
Cipriano intervino –espeluznante es la historia del conde Hyppolit, que les narraré:
Para recibir la herencia que le dejaron sus padres el conde Hyppolit regreso de uno de sus largos viajes. En cuanto recibió el dinero volvió a decorar su castillo.
Cierta mañana, mientras supervisaba los trabajos, un criado le informó que un familiar lejano de su padre, una baronesa, lo buscaba. Hyppolit con repudio recordó a esa mujer, que no había visto desde diez años antes y que su padre la aborrecía, pues se refería a ella con aversión, previniéndoles de no estar cerca de ella sin más explicaciones.
La hizo pasar por hospitalidad, reglas claras que no se pueden romper. En cuanto entró fulminó con la mirada a Hyppolit, quejándose del injustificado odio de su padre; explicando su presencia al enterarse de la muerte de su padre y dar el pésame, así como de su mala situación económica.
El parloteo de la baronesa no interrumpió al conde de observar a la maravillosa joven que la acompañaba. Al percatarse de ello la baronesa dijo al conde:
- Perdón por no haber presentado a Aurelia, mi hija.
Tomo del brazo a las dos mujeres acompañándolas al comedor, pues estaba encantado con la joven. Al tocar a la condesa sintió que un escalofrío recorría su cuerpo, dejándolo sin respiración. Los huesudos dedos de la anciana los sintió como a la muerte misma.
Aurelia se puso a llorar -¡Oh, Dios cuanta desgracia!
Estas palabras extrañaron demasiado al Conde, para tranquilizarla beso la mano de la joven sintiendo como un calorcito recorría su cuerpo, regresándole lo que la condesa le había quitado al tocarlo, después del beso las invito a permanecer en el castillo.
La personalidad reservada y silenciosa de la anciana baronesa, no le permitía entablar plática con nadie. Acostumbrándose el conde a esta presencia cadavérica y enfermiza, la baronesa acostumbrada pasear por el cementerio en la noche, informes de los criados del conde, que lo soportaba por el amor que sentía hacia Aurelia.
La convivencia con las mujeres aumento el amor por la joven. Un día solicito la mano de la hija a la baronesa, que acepto encantada.
Un suceso impresionante aconteció la mañana de la boda. La baronesa fue encontrada por los criados, muerta en el cementerio. Su cuerpo estaba boca abajo, por orden del conde lo llevaron al castillo.
El llanto amargo de Aurelia era calmado por los brazos del conde y repetía:
-¡Por mi bienestar!
El conde no entendía si era dolor o alegría por la muerte de la anciana.
La joven estuvo muy tensa hasta que llegó la hora de la boda. Sentía un miedo interior y nada le quitaba esta sensación, ni la boda, ni las palabras del conde. Aurelia se estaba con una mortal palidez. Un maleficio invisible intentaba perderla, hablaba sola:
-¡No, nunca lo lograras!
El conde comenzó a sospechar de un tremendo secreto en el fondo de su amada. Quedó muy sorprendido cuando le narró acerca de la conducta infame de la madre, eran horribles recuerdos sepultados en su memoria.
Tenía el terrible presentimiento de que su madre se levantaría de la tumba para hundirla en el abismo, en su cabeza escuchaba extrañas voces.
Decidió contar al conde lo que recordaba de su vida: una criada llevándola del brazo, a donde se encontraban reunidas muchas personas, un hombre que jugaba con ella (su padre); la presencia de un extraña señora, era su madre, que se la llevó en un carruaje.
A los dieciséis años Aurelia se percato de que su madre se entregaba a un hombre para llevar una vida cómoda. Este hombre, de unos cuarenta años y con aspecto juvenil, con mirada siniestra la observaba.
La madre nunca decía nada del extraño personaje, llegó a comentar que era un rico barón y le preguntaba si le gustaba. Aurelia le decía el terror que le producía aquel hombre, lo que enojaba a la madre.
Un extraño cambio se operó en la madre, pues la trataba con amabilidad y el hombre hacía lo posible por ganar su amistad.
Aurelia logro esquivar un abrazo del barón, que llego borracho, encerrándose en su recámara, un rato después, entro su madre ordenándole ceder a las pretensiones del hombre. Creyendo que s madre dormía. Cuando Aurelia intentó escapar, apareció su madre con la bata en jirones, el cabello despeinado y tras de ella el extraño barón, gritando enloquecido:
-¡Detente bruja, me las pagaras!
Tiro de los cabellos de la mujer por la sala y la golpeó salvajemente con el bastón. Dando gritos de terror la baronesa orillo a su hija a pedir auxilio en la ventana, paso una patrulla que entró en la casa.
-¡Captúrenlo! –Exclamó la baronesa-. En su espalda tiene una marca.
El policía grito con emoción:
-¡Te atrapamos, Urian!
De esta forma lo detuvieron.
Días después de este suceso llegó una carta dirigida a la baronesa, en la que estaba escrito lo siguiente:
“Bruja desquiciada, una maldición terrible has arrojado a tu cabeza”.
Trascurridos unos días por la ventana observaron como era conducido el hijo del verdugo, marcado en la espalda con los símbolos de robo y asesinato, era conducido a la muerte. El condenado lanzó una terrible mira en Aurelia. El condenado acuso a la baronesa de actos insólitos y aberrantes, lo que las obligó a huir, estos fueron los acontecimientos que las llevaron al Castillo del conde. Cuando Aurelia confesó el amor que sentía por él, la madre la maldijo:
-¡Despreciable criatura, mi venganza te seguirá! ¡Pide por tu vida si yo muero!
Aurelia guardo silencio y comenzó a llorar, el conde consoló a su joven esposa, no sin dejar de sentir que la baronesa había arrojado una temible sombra en sus vidas.
Después de la narración la joven enfermo, su rostro presentaba una mortal blancura, el brillo de sus ojos se apagaba, su mente se encontraba confundida e inestable. Intentaba ocultar otro secreto que la mantenía intranquila manteniéndola cerca de la muerte.
Se llamó al médico, quien no encontró otra causa que los síntomas de un embarazo, de aquí los antojos. La condesa preguntó al doctor por sus manías, pidiendo que le platicara de casos extraños de los que él supiera. El doctor le contó de alguna situación con chispas de humor, que fue escuchada de otra manera.
-La esposa del herrero gustaba de comer carne, hasta que cierto día que regresó borracho, lo agredió con un cuchillo; fue tal el embate que lo mató y logro saciar su apetito –dijo el médico.
Terminado el relato sonrió esperando que la historia les hubiera agradado. Aurelia fue llevada a su alcoba pues se desmayó. A Hyppolit le preocupaba que su esposa no comiera nada, pues todo le provocaba náuseas.
Así continuo la condesa, manteniendo el misterio de mantenerse viva. El conde preocupado reflexionaba sobre esta situación, hasta que un criado le contó que la condesa salía por las noches y volvía antes del amanecer. El conde se quedó paralizado, entendía el porque de su cansancio que por las noches quedándose dormido profundamente; creía que se le estaba suministrando un somnífero. Los más negros presentimientos se apoderaron de él, pensó que su esposa mantenía un adulterio con el extraño hombre de su relato.
La siguiente noche, cuando Aurelia le preparó el té que bebía antes de acostarse, no se lo bebió y fingió dormir. Aurelia salió de la cama creyendo que el conde dormía, Hyppolit se vistió y la siguió. La noche estaba iluminada por una hermosa luna llenáis pudo distinguir a su esposa que se dirigía al cementerio. Hyppolit atravesó el portón del cementerio casi cae desmayado al ver un círculo de terribles y espectrales figuras. Viejas semidesnudas con cabellos agitados y con las rodillas en el suelo, al centro del círculo se hallaba el cuerpo de un hombre de que las mujeres se alimentaban, al igual que los lobos y su amada Aurelia se encontraba entre ellas.
Aterrorizado regreso el conde después de esta infernal visión. Cuando llegó la mañana entró en la habitación donde su esposa dormía plácidamente, en su mente se agolpaban las imágenes y para convencerse de que lo visto no era una broma de su imaginación.
Así para tranquilizarse salió a caminar bajo los árboles y el canto de las aves, ya tranquilo regreso al Castillo.
A la hora de la comida, estando el matrimonio a la mesa, el conde hizo servir el guisado que consistía en carne. Aurelia quiso abandonar el comedor con muestras de gran asco. Esto hizo que Hyppolit recordará lo acontecido la noche anterior y dijo:
-¡Desgraciada, hija de Satanás, obtienes tu alimento de las tumbas!
La arrojó al suelo, Aurelia comenzó a convulsionarse. El conde se perdió en la locura de la que no se pudo recuperar nunca.
Al concluir el relato, los amigos se vieron entre sí llenos de espanto; y una luz perversa y maligna alumbró los ojos de Cipriano, que tomaron un brillo inhumano.