viernes, 30 de julio de 2010

AL FIN Y AL CABO ASI ES LA POLITICA

A final de cuentas no pude privarme de hacer algunas anotaciones referentes a las pasadas elecciones, digo se bien que insistí durante los tiempos de campaña en que me abstendría de dos cosas: 1. Hacer comentarios despectivos sobre los candidatos a puestos de elección popular, y; 2. Realizar cualquier discurso o promo –usar mi voz pues- a favor o contra alguno, intenciones que puedo decir orgullosamente cumplí sin problema. Sin embargo, las incoherencias de las elecciones pasadas me obligan a hacer por lo menos algunas observaciones.

En principio creo que el primer hecho inexplicable fue la salida de la Profa. Perla López Loyo de las filas del blanquiazul así como el abandono a sus incondicionales en el Partido Alianza Ciudadana para sumarse a la campaña del C.P. Mariano González Zarur, no calificare aquí dicha salida de buena o mala, sino solo de la trascendencia que tuvo en la sociedad tlaxcalteca. Digamos pues que aquella salida fue el primer síntoma de que estas serian unas elecciones muy diferentes a las que se hayan visto en Tlaxcala.


Luego vino la política que no podernos llamar "negra" sino más bien "de tinieblas", porque eso fue lo que sucedió, agresiones abiertas entre equipos de candidatos a gobernadores tales como llamadas telefónicas y tiraje de volantes. Que decir de las agresiones entre candidatos de las "amigables" coaliciones en los municipios donde no se pudieron mantener, entre tales casos tenemos a los candidatos del PRI contra los del PVEM así como los de la coalición PAN-PaNAL contra los del PAC.


Finalmente la peor afección fue la mas que exótica declinación de la Senadora Minerva Hernández Ramos a favor de la Lic. Adriana Dávila, situación que en definitiva termino por convertir a la política en una especie de enfermedad de la cual los tlaxcaltecas tenían que evitar contagiarse.


Al final sucedió que gano las elecciones una Ola Priista encabezada por el C.P. Mariano González Zarur, el problema no es pues que haya ganado quien gano sino el grave problema es que quienes ya no creían en el sistema partidista democrático de nuestro Estado, ahora están más que asqueados de los partidos políticos y de la política en general.


Parece ser que después de las elecciones del pasado 4 de Julio lo mejor que se puede decir de ellas, no es precisamente que fueron limpias y justas o bien sucias y fraudulentas, sino simplemente agradecer que sobrevivimos a tales cosas que parecieron más bien obra del mal, je je.

Ojala que en seis años las elecciones no terminen siendo mas siniestras que ahora, porque de seguir así la población comenzara a ver las elecciones más que como oportunidades de apertura democrática, como epidemias de las cuales hay que prevenirse para salir de ellas con vida.

Por nuestra parte solo podemos decir: -¡Gracias al cielo que sobrevivimos estas perversas elecciones estatales!

Dios mediante nos estamos saludando!

domingo, 9 de mayo de 2010

LAS ADOPCIONES POR LA COMUNIDAD GAY


Esta es la segunda parte del comentario que iniciamos hace algunas semanas, como prometí en aquella ocasión expresaría los motivos por los cuales considero inapropiadas las adopciones por parte de parejas del mismo sexo.

De manera que con estas líneas doy cabal cumplimiento a esa promesa –muy a pesar de que se que estos comentarios me pueden costar el resentimiento de muchos amigos-, sinceramente lo hago también porque de una fuente confiable me ha sido comunicada la intención de presentar ante el Congreso Local una propuesta de Ley semejante a la que permitió las “Sociedades de Convivencia” en el Distrito Federal, situación que considero de suceder pondrá este asunto en el primer plano de la actualidad en nuestro Estado.

Comencemos por decir que mi punto de vista no se apoya en consideraciones fundamentalistas, ni mucho menos esta basado en la consideración tradicionalmente machista de nuestra sociedad tlaxcalteca.

Ahora bien, entonces cual es la razón para considerar que si los integrantes de la comunidad LGBT (Lésbico-gay-bisexual-transexual) desean vivir en pareja simplemente es decisión suya, situación esta que en nada altera el orden social; pero inmediatamente viene la pregunta: ¿Si la comunidad homosexual puede vivir en pareja sin que ello parezca antisocial, entonces por qué no concederles adoptar?

Es aquí donde aparece la división de opiniones, ello porque muchos de quienes apoyan las uniones del mismo sexo, quienes no les parecen un asunto social y quienes no estamos a favor ni nos oponemos –como el caso de su servidor-, protestamos de inmediato frente a la idea de las adopciones por parte de personas del mismo sexo –claro que no todos con los mismos argumentos-.

Los argumentos de los “fundamentalistas” son evidentemente la satanización de la homosexualidad, sus consideraciones llegan a tal grado que consideran que la adopción de niños por homosexuales tiene como finalidad que las parejas adoptantes los violen –ello dada la opinión generalizada de los fundamentalistas y tradicionalistas, quienes consideran a los homosexuales como personas que no pueden controlar sus deseos sexuales-.

Por su parte el argumento de aquellos que “apoyan las uniones homosexuales” para oponerse a las adopciones –mismos que hoy son vistos como disidentes por la comunidad gay, ello porque apoyan las uniones pero no la posibilidad de adoptar-, es propiamente la idea de que la lucha por el reconocimiento del derecho a formar una vida en pareja no incluye propiamente la adopción, ello porque una pareja del mismo sexo no siempre se guía por el concepto de pasivo y activo –lo que equivale en el concepto de muchos a decir que una de las dos personas hace el papel de mujer y la otra de hombre-. En consecuencia la adopción en tales condiciones es poco viable, ya que seria necesario estudiar cada pareja para determinar si pudiera o no adoptar, situación que a simple vista ya luce de discriminatoria.

En cuanto a aquellos que se hicieron un lado frente a la posibilidad de los matrimonios del mismo sexo, es decir a “quienes no les pareció un asunto social trascendental”, el argumento básico para protestar frente a las adopciones por personas del mismo sexo es casi unánime, se refiere en este caso a la simple idea de que no es lo mismo hablar de matrimonios del mismo sexo donde dos personas con libre arbitrio deciden por su libre voluntad vivir juntas, que un infante que careciendo de madurez y libre voluntad es obligado a vivir en el seno de una familia que no es igual al grueso de la población. Concluyendo en consecuencia que las personas del mismo sexo en nombre de su derecho a decidir como vivir, atentan contra el derecho de los infantes de crecer con las figuras paterna y materna. Ello sin dejar de lado la dureza que experimentarían estos pequeños en el ambiente escolar, no debemos dejar pasar de lado que es en las escuelas donde la burla y el escarnio de los demás niños destruyen siempre la autoestima de unos pocos.

Ahora bien, “quienes no estamos a favor ni nos oponemos” a las uniones del mismo sexo considero en nuestra mayoría nos oponemos por una razón un tanto naturalista y simple –misma que también incluye como corolario la opinión de quienes consideran este asunto de los matrimonios de homosexuales un hecho intrascendente-, la razón se reduce al siguiente examen:

“¿Un hijo lo da el Estado o la naturaleza? La respuesta es obvia, pues el Estado puede regular la planificación familiar –como el caso de China-, o bien permitir que se tengan los que se quieran –el caso de nuestro país concedido por el artículo 4º Constitucional-, sin embargo el Estado no puede dar lo que el Estado no puede concebir, así que solo se ha limitado a tratar de regular aquello que no puede crear, en el caso de los niños en adopción a otorgar aquellos que han quedado a su cuidado pero que él no ha creado. Así la adopción como figura jurídica nació por dos simples razones: 1. Para no privar a los niños de su derecho a gozar de una familia; y 2. Para permitir a aquellas parejas que por un “fallo” de la naturaleza no pueden concebir, puedan gozar de la dicha de tener un hijo. Queda en evidencia que lo que el Estado hace es permitir que ambos se beneficien tanto el niño a adoptar como la pareja adoptante. Pero respecto a la pareja la pretensión del Estado es que la pareja no se vea privada de tener un hijo por un simple “fallo” de la naturaleza, el problema con la homosexualidad es una segunda pregunta: ¿No poder concebir entre personas del mismo sexo es un “fallo” o simple orden de la naturaleza? La respuesta como puede esperarse es simple. Por lo tanto, puede el Estado subsanar lo que no es subsanable porque no se trata de un “fallo”, sino de una condición natural. No hablamos pues de esterilidad sino de simple naturaleza.”

En otra ocasión ampliaremos nuestro punto de vista, sirva pues por lo pronto lo anteriormente expuesto para entender nuestras razones de oposición.

Pd. Ya en serio, acepto comentarios e incluso recordatorios.

Dios mediante nos estamos saludando!

sábado, 20 de marzo de 2010

LAS UNIONES DEL MISMO SEXO Y YO


Hace buen tiempo que no me paseaba por aquí, la razón es un tanto simple: quienes me dijeron que cuando llegas a tu terminal de la carrera ya te la puedes pasar holgazaneando me mintieron! De hecho ahora estoy más ocupado que nunca: servicio social, clases, tesis, tareas y demás son solo ejemplos. Pero más allá de las quejas vienen las buenas noticias, y es que si Dios permite este es el último año de estudios, que ya casi es medio. En fin, dejando a un lado las lamentaciones vamos al motivo de escribir en esta ocasión:

En esta semana que acabamos de terminar, una situación muy curiosa ha llamado mi atención, el hecho de haber prometido dar mi punto de vista del porque rechazo las adopciones por uniones de personas del mismo sexo y no hago tanto insistencia por cuanto respecta a aquellas uniones, situación que me ha comentado más de un buen amigo parece una promesa con ánimos de evitar una postura de mi parte y quedar bien con todos. Así, en esta ocasión pretendo dar mi pequeña opinión, para que no se piense que me estoy haciendo un lado del torrente. Pido de antemano una disculpa por parte de aquellos a quienes mis -como siempre “ácidos”- comentarios puedan incomodar.

Hechas las precisiones anteriores veamos que hay sobre esto; para comenzar digamos que respecto a las uniones de personas del mismo sexo, seria prudente recordar que es la “conciencia” la primera cuestión que debemos respetar por tanto si la conciencia de estas personas les indica que están haciendo lo correcto –aunque este equivocada- debemos respetar su conciencia, pues de no hacerlo entonces con que cara vamos a exigir lo que llamamos: “libertad de conciencia” (no se olvide que en nombre de esta los cristianos nos hemos negado a participar en algunos actos que la sociedad ha legitimado por la vía jurídica, como lo es el caso de los médicos –quienes se han denominado objetores de conciencia- que se han negado a practicar abortos en el Distrito Federal). Así, si una pareja gay quiere vivir en común no veo problema alguno, de hecho como algún sociólogo amigo me ha dicho con un tono un tanto sarcástico: ¡con el tiempo se darán cuenta que el vivir juntos trae consigo más broncas que beneficios!

Otro detalle seria el hecho del como denominar a estas uniones, algunos se desgarran las vestiduras diciendo que no pueden denominarse como “matrimonio” y que lo prudente es denominarles como se ha hecho en otras naciones: “sociedades de convivencia”, “sociedades en común”, etc. Otros por su parte se deshacen la garganta proclamando que son en rigor “matrimonios” porque de no aceptarse entonces hay discriminación (bendito sea el artículo 1º de nuestra Carta Magna que ampara este derecho a no ser discriminado, llamándolo: Dignidad Humana, garantía individual que es tan extensa que como muchos juristas consideran es más grande que nuestra propia legislación y que a pesar de ello nadie la alcanza a entender, jeje). En fin, el problema aquí de fondo es que en esencia no pueden estas uniones denominarse “matrimonio” no porque no se quiera, sino porque la palabra en esencia proviene del género femenino -“madre, matriarca, matriarcado”-, luego entonces en el caso de las uniones de mujeres quizá siendo benévolos no haya problema, pero el caso de las uniones de varones no tiene sentido imponerles esta denominación, porque simplemente uno se pregunta ¿dónde esta la mujer que le da sentido a esta denominación en aquella unión?

Así con esas consideraciones viene un asunto en esta problemática que si me parece más delicado que los anteriores, pero que expondremos en la próxima entrada –porque aquí ya nos hemos extendido como tianguis, jeje- : la Adopción por parte de uniones de personas del mismo sexo.

Por cierto espero comentarios, ha y no se preocupen por mi sensibilidad ya saben que todo se me olvida.

Dios mediante nos estamos saludando!