No puedo pensar en otro título mas acorde para lo que ha sucedido estos días, sin duda la violencia moral constituye un arma plenamente digna de los peores tiempos del Medioevo, tal dignidad la he comprobado en la vida personal.
Algunas veces, nuestra ceguera, conocida comúnmente como autoestima, cuando es lesionada nos obliga a reaccionar con la misma severidad de un dictador. Hoy, los psicohistoriadores, han llegado a la conclusión de que los líderes mas violentos, asumían tal conducta por dos causas: una baja autoestima, o bien todo lo contrario -quizá el slogan de "nada con exceso, todo con medida", nunca me había sonado tan intelectual como ahora, je je-. Asumido este punto de vista, esta claro que el resultado de toda esta violencia, es necesariamente la defensa de un "ciego capricho", en otras palabras: la cerrazón a la opinión del otro.
En ese entendido, y a efecto de tranquilizar a aquellos que sin querer he asustado con algunos comentarios dignos de Pedro de Verona -Gran Inquisidor Medieval-, comentare brevemente, que los sucesos ocurridos el día jueves, en que un amigo me encaro con el reproche de ser en lo personal un hombre que expresa demasiado y escucha poco, me marcaron en un análisis personal al día siguiente. He de recordar a los amigos que he confesado públicamente estar en un proceso de replanteamiento de mi visión de vida, de tal suerte que todo comentario en estos días considero debe ser sometido al tamiz del análisis -Don Toño Bautista, sin duda sonreirá al leer que hoy requiero de su metodología personal, je je-. Sin embargo, también acepto que no fueron solo esos comentarios los responsables de una explosión de las dimensiones del comentario del día de ayer por la noche, sino una entrevista con dos hermanos de fe y un buen amigo el mismo día viernes los que dieron en el traste para esa situación; después de que benevolamente me felicitaron por los muchos años que ahora sí ya comienzan a pesarme, decidieron encararme por lo que según ellos es mi forma de conducirme en todos los panoramas de vida, en palabras textuales: "la cerrazón, la imposición, la ácida crítica, la opresión y la condena autoprovidencial a todo desacuerdo". Las palabras no me ofendieron, en realidad no, lo que produjo tal afrenta fue quienes me las expresaron, acepto toda crítica, siempre y cuando quien la emite no comience con el argumento: "tengo la solvencia moral y la recta... bla.. bla... bla..." Lanzar a la cara del otro la glorificación personal, sobre todo cuando se habla a un amigo, no me parece la forma correcta de actuar. Sostengo que se terminaron los tiempos de soportar a mi lado a aquellos de actitud "farisaica", de tal suerte que exijo que quienes me cuentan entre aquellos a quienes guardan aún un cierto afecto, deben aceptarme tal cual, sin miramientos o bien alejarse por propia salud.
Si una cosa o persona es para nosotros toxica mas vale huir ahora, que sufrir conviviendo con ella. Aunque acepto el principio de la "voluntad debilitada", -que ojo, no lo diseño Norberto Bobio, sino Agustín de Hipóna por ahí del cuatrocientos y tantos-, es decir que una toxicidad que nos atrapa es difícil de abandonar, quienes fuman me entenderán. Sin embargo, aquí aplicaría el principio de permanecer por gusto, en otras palabras: quien es masoquista seguirá dejandose azotar, porque en una comprensión retorcida, necesita del sufrimiento.
Así, lo que ocurrió al final fue el desafió directo del amigo Luca, quien sin mas, consideró mi interpretación de las escrituras, la fe, la tradición y la vida humana, como una interpretación paralela a la autentica proclamación romana. De tal suerte que sin más me sentí condenado por vivos criminales -quizá lo que me lesiono sea eso precisamente, que en su momento les vi como criminales golpeteando mi autoestima, je je-.
Luego vino el reto en el face que abiertamente expuse, y esta mañana recibí respuesta mediante un extenso correo electrónico de cerca de doscientas líneas, debidamente referenciadas y sustentadas, mismo que yo titularía "Adversus Erikum"; y exactamente a las tres de la tarde devolví la atención mediante una replica de 120 líneas, titulada "De, sobre y contra el que mira la paja en el ojo ajeno y otros liberales", mi remate -lo acepto muy atrevido y soberbio, je je-: "Sus enseñanzas son como el silbido de la vieja serpiente; el dragón recurrió a consejos así para conseguir que el hombre fuese expulsado del Paraíso..." (Padre de la Iglesia de Occidente, Jerónimo de Belén).
Cualquiera diría que en este punto todo estaba dado para rodar incluso un vídeo condenatorio, sin embargo, esto precisamente es lo que distingue a hombres poco convencionales; y es que a las 4 de la tarde sonó el teléfono y el buen amigo Luca, expreso: -Vamos, Erik! No vamos a mancillarnos y ensuciarnos más! Apague la pira de su patio! Que yo, ya estoy desmontando el potro -no es un caballo ni mucho menos Alejandro Fernández, sino que era una rueda de tortura medieval, je je- que había preparado para ti! ¿Te invito un café qué dices? A lo cual conteste: -He amanecido con un gripe muy salvaje -cosa totalmente cierta-! Pero hagamoslo el próximo sábado, ¿qué dices? A final de cuentas aceptó, y entonces brevemente hablamos por teléfono concluyendo dos cosas que creo son descubrimientos:
- Juan Pablo II, dijo estando en el Hospital tras el atentado: -¡Soy humano! ¡Y como ustedes estoy lleno de sentimientos contradictorios! -así, no debe olvidarse jamas que sea quien sea tu interlocutor, también es humano y puedes provocar una reacción no esperada, je je-.
- Cualquiera es capaz de lanzarse a la yugular del otro, más sin embargo no cualquiera es capaz de aceptar no el diálogo, sino las señales sobrenaturales que dirigen nuestros actos. En este caso, la búsqueda de armas teólogicas, psicológicas, éticas y hasta sociales, nos obligó a aceptar que mutuamente actuábamos contra la voluntad superior -confieso, sí el no hubiera llamado, yo lo hubiera hecho, je je-.
En fin, hoy tengo agendada una taza de café para el próximo sábado con un viejo amigo, a quien desde estas líneas expreso mi admiración, respeto, estimación y sobre todo reconozco su prestigio y autoridad. -El se ha ganado el respeto por la tercera vía, el temor (que no el miedo)-.
Y en general a todos los amigos, solo puedo decir lo que ultimamente repito como loro, pero que para mi es fundamental: - ¡Agradezco al Cielo por poner a cada uno de ustedes en mi camino y pido perdón por todo aquello que hecho y por aquello en que falle al no hacer nada!
Dios mediante nos estamos saludando!
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