sábado, 10 de agosto de 2013

¿ARROGANCIA?

     Pocas veces me he atrevido a hacer análisis de mis actitudes, sin embargo considerando mi viaje de hace unos días al Convento de San Luis Beltran, la carta que hace algunos ayeres me diera en la mano mi amigo Marcos Martínez (donde me reprochaba una falsa humildad), las insistentes conversaciones con mi fratello Andrés,  así como la conversación (que confieso no en muy buenas condiciones de mi sano juicio) tuve hace unos días con un primo mío y amigo entrañable de mi hermano Andrés, de nombre Ricardo Morales; han surgido estas líneas.

Estas cuantas palabras en forma alguna pretenden ser apología de la ‘arrogancia’, ni tampoco artificial y falsa condena a la misma, son las reflexiones personales que sobre la ‘arrogancia en mi vida’, hoy me siento en la necesidad de expresar.
   
Como humanos, siempre estamos tentados a la práctica de los feos defectos, la falsedad, el rencor, la ambición, la vanidad, la arrogancia, etc. En principio decir que siempre como reflexión personal defenderé que la soberbia, la arrogancia y el orgullo no son lo mismo, aunque ciertamente todos ellos tienen como origen el ‘ego’. Según mi posición, todos ellos juntos y de forma genérica se les puede llamar ‘egolatría’, pues esa es precisamente su función ‘alabar a quien los práctica’.

En fin, en otra entrada prometo hablar de esta rara posición personal, por la cual distingo entre estos tres defectos o vicios: arrogancia, soberbia y orgullo. Por lo mientras y para los fines que persiguen las reflexiones de esta ocasión nos basta pensar en la ‘arrogancia’ como “un defecto que se refiere a la excesiva valoración de una persona en relación consigo misma y que la lleva a creer y exigir más privilegios de a los que tiene derecho.”

He reconocido en más de una ocasión que ‘humilde, humilde, no soy’; sin embargo, ello ha sido en clara obediencia a mi práctica del ‘jamás miento’. Pero esas palabras permisivas, al parecer me han perjudicado mucho, pues no las he asumido como una aceptación simple y llana, sino como una aceptación que me abre la posibilidad de ser un ‘arrogante disimulado’.

Así las cosas, he de admitir que en mas de una ocasión y sin querer ‘me he dejado arrastrar por este horrible defecto’. Hoy en un acto de introspección, reconozco y pido perdón a todos aquellos que sin querer he llegado a lastimar con mí actuar.

No obstante lo anterior, como siempre me pregunto ¿si acaso no existe una visión alternativa? ¿Algún provecho que la ‘arrogancia en mi vida’ me haya dado? Y mi respuesta parece esbozarse en un enfrentamiento con el defecto de la ‘ambición’. Creo ciegamente que Dios siempre tiene razones absolutas para dotar a este o aquel ser de ciertos talentos y defectos, y que nada es una simple casualidad. Bajo esa idea, pienso en las muchas veces en que bajo un ‘espíritu arrogante’ he despreciado los ofrecimientos económicos mal habidos. Recuerdo particularmente una situación, en la que se me ofreció un dinero a cambio de cambiar documentos para perjudicar a una madre soltera, debo reconocer que aunque muchos en su momento dijeron que había actuado bajo un acto de conciencia digno de aplaudir. Lo cierto es que el ofrecimiento me sonó a ofensa, me puse el excesivamente digno y como mi jefe estaba implicado en la situación, renuncie inmediatamente a mi trabajo, tampoco exigí finiquito ni nada, la ‘arrogancia personal’ pudo más que una oferta económica. Evidentemente mi renuncia estuvo precedida de una escena dramática de esas que muy poco me gusta hacer (si como no jeje).

En fin, no trato de decir que la ‘arrogancia’ sea mejor que la ‘ambición’, solo pienso que ‘actuando arrogantemente’ he perjudicado a menos personas, que si hubiera actuado al día de hoy movido por la ‘ambición’. Desde luego que la ‘arrogancia’ me ha perjudicado mucho en forma personal, he lastimado sin querer a personas que amo y también he alejado de mí a personas que me hubiera gustado tener a mi lado. Pero confió en que nunca se es tarde para cambiar nuestro actuar.

Alguien se preguntara si acaso la ‘prudencia’ y la ‘sagacidad’ (que tanto reclamo como propias) no han servido para evitar en mi vida esta tentación de la ‘arrogancia’, y debo confesar que cuando las dos primeras entraban en conflicto con la tercera, dejaba de aplicarlas. Por ello reconozco que actué con dolo.

Hoy pienso en las palabras del Hno. David, y reconozco en ellas tanta verdad como pocas veces: ‘no es que yo sea el mejor, simplemente es que quien es mejor que yo, no esta en esta habitación… no soy nada especial… solo me aprovecho de la ausencia del mejor…’ ‘¿De qué me sirven los reconocimientos y los títulos universitarios? si no soy mas que un levanto de polvo que cuando el viento deje de agitar volverá al suelo…” ‘¿De qué me sirve la reverencia pública? Si no soy feliz.’ ‘¿Qué sentido tiene mi propia autoimagen? sino soy capaz de sentir como mi prójimo… si me falta el amor… si me falta Dios… porque no es en los libros donde él yace… sino en el Amor…’ Confieso que estas palabras en un primer momento me incomodaron (muy a pesar de haberlas dicho en una exposición pública), pero hoy han ido entrando como el agua en una grieta, y reconozco que el perdido era yo.    

Pienso en las palabras de mi pariente Ricardo: ‘… porque eres muy arrogante…’, y agradezco la sensatez de que se me digan las cosas de frente. Todo esto lo he meditado a conciencia y es verdad, ‘la arrogancia entro en mi vida y contamino mi autentica simpleza y practicidad’. No soy un hombre humilde (ojala lo fuera), pero si un ‘hombre simple’ que puede ser feliz con muy poco, y un ‘hombre practico’ que no le gusta complicarse con tantas cosas (especialmente los bienes materiales), y mi vida ha sido feliz siendo así, hoy pretendo volver a ese mismo origen, y con esfuerzo y la bendición de Dios espero lograrlo. Reconozco por otro lado, que en caso de necesidad usare la ‘arrogancia’ pero siempre con el fin de ponerla al servicio del ‘reino de conciencia’ (ese que tanto predico), seré yo quien la use y no ella quien me use a mi.

Remato esta nada usual entrada haciendo dos cosas, primero pidiendo perdón a todos aquellos que en el abuso de este feo defecto llegue a lastimar, suplicando a quienes no me dieron la oportunidad de conocerlos por esa clase de actuaciones de mi parte, para que me den la oportunidad de tratarlos. Y segunda, defendiendo que en todo caso sin querer y sin que yo me lo propusiera, la ‘arrogancia’ de mi persona hizo, incluso en los peores casos mas bien que mal (desde luego que ese no es merito mío, sino del Eterno a quien debo todo lo que soy).

Invoco unas palabras nacidas en una noche extraña como en la que escribo estas líneas, hace ya nueve años: ‘Al Cielo clamo, esperando perdone mis grandes debilidades, y en el silencio de esta penumbra en que comienzo a sumergirme, solo una cosa  ruego, ¡no dejes que mi lámpara se apague!’

¡Dios mediante nos estamos saludando!

miércoles, 27 de febrero de 2013

BENEDICTO XVI “…OS SUPLICO QUE OS ACORDEIS DE MÍ EN VUESTRAS ORACIONES… (Ultima Audiencia General)”

     En estos días en que el asunto de la renuncia de S.S. Benedicto XVI, parece convertirse en un asunto que importa a católicos romanos, cristianos, políticos, sociólogos, la inmensa mayoría de ateos “gracias a Dios y María Santísima” y demás fauna social. Considerando también que hace mucho que no montaba nada al blog, más que por no querer, debido a que últimamente me había afectado una extraña incapacidad para poder terminar los borradores de mis entradas. Pero que gracias a la maravillosa conversación de ayer, con mí estimada amiga Fani (a quien desde estas líneas envió un cálido abrazo), además de poder comprobar que la “tristeza” es de los pocos sentimientos que al compartirse se debilita, me ha permitido recobrar la prudencia de completar notas, o por lo menos eso parece. Así las cosas, en medio de este ambiente, me parece pertinente hacer algunos comentarios respecto a la “dimisión” de  Su Santidad. 


Cabe aclarar que no pretendemos aquí insistir en todo el procedimiento que sin duda implica la dimisión de un Pontífice, tampoco pretendemos hacer un estudio de erudición teológica-eclesial sobre el asunto, ni tampoco insistir en los pormenores de los cuales la prensa ya se ha hecho cargo en demasía, de atiborrar nuestras pantallas y aparatos de radio. Estas breves líneas pretenden como siempre, responder a las interrogantes que más de un amigo me ha comentado en estos días, desde luego en su mayoría, meras curiosidades. Así las cosas, les ruego consideremos cinco simples puntos que me parecen dignos de comentar:


1.- “Desde el Siglo XV ningún Pontífice había renunciado, acaso no habrá podido con el cargo”; este dato resulta impresionante, más aún, cuando solo tres pontífices han renunciado en la historia de la Iglesia. Ciertamente se trata de un hecho sorprendente, aunque ello no implica que sea “sin precedentes”. El caso de San Celestino V, que fue el primer Pontífice en dimitir, ilustra la sencilla razón de haberse retirado a solo cien días de haberse convertido en Santo Padre, por el simple hecho de “no acomodarse a la vida pontificia y de extrañar su vida de ermitaño”. Situación inimaginable desde luego en la cabeza de la mayoría de personas. Pero esto último, es quizá lo que nos causa más incomprensión, pues en la idiosincrasia mexicana el “¡Hay Jalisco, no me rajo!”, del que tanto habló el maestro Octavio Paz en su “Laberinto de la Soledad”, es sin duda estandarte propio de nuestro pueblo y de los pueblos latinoamericanos, es decir, quizá a la mayoría le parezca debilidad de S.S. Benedicto XVI, el hecho de renunciar, pues se dice quietamente: “-Si yo fuera el Papa, ¡hubiera resistido hasta el final!”, y más aún, algunos le oponen como ejemplo a su predecesor S.S. Juan Pablo II (de quien en su momento, también se llego a decir caretudamente: “- ¿Por qué no renuncia, si ya esta tan viejito?” Esta ridícula forma de pensar, desde luego no se ajusta con la forma de pensar de un hombre que desde un principio se sintió “pequeño”, recordemos que el día de su elección literalmente dijo que: “… después del gran Papa Juan Pablo II… me consuela saber, que el Señor puede trabajar aunque con instrumentos limitados…”, palabras imposibles de pronunciar por un intelectual, político o un profesionista mexicano promedio. El día que anuncio su renuncia, ha vuelto a insistir en su “pequeñez”, al afirmar que ya no le asiste el vigor, en medio de todo esto, es obligado preguntarnos sí es un “pecado” (siquiera social, como decía Gandhi), el hecho de que un “hombre” aún siendo un religioso, acepte su “pequeñez” no ante un “reto”, como seguramente lo juzgaran los amigos que se dedican a la política, sino ante una “encomienda inimaginable”, como lo es el conducir la Barca de San Pedro. Considero que nuestra incomprensión, viene del hecho de que juzgamos este acto con las reglas de nuestra idiosincrasia mexicana, y más aún, bajo las reglas ordinarias del “poder”, quizá un “hombre político” entenderá mejor cuando hablo del “poder”, pues para ellos se trata de “seguir en esto”, para un hombre espiritual e intelectual como el Papa Benedicto XVI, se ha tratado de dos simples cosas, que todo “hombre de Iglesia” sabe: “se trata de obedecer las señales de Dios”, y “de procurar ante todo, el bien de la Iglesia”.


2.- “Su renuncia se ha debido a las presiones de quien sabe quién”, nada mas ridículo y absurdo, pues curiosamente quienes apoyan esta horrenda idea, son los mismos ridículos que siempre están insistiendo en el “superior poder” y las “riquezas económicas” de la Iglesia. En estos momentos entran en la más terrible contradicción, pues si así lo creen ellos, entonces ¿quién puede ser superior al Papa en “poder”? Sin embargo, siendo un poco ecuánimes y no prestándonos al juego de esas afirmaciones risibles, si bien es cierto que el Papa no ha renunciado por “presiones”, el motivo de ello es más simple de explicar, y se debe al hecho de que ninguna otra nación ejerce más presión con sus comentarios en el ámbito internacional, que la Santa Sede, basta recordar cuando la cancillería mexicana en tiempos del Presidente Vicente Fox, solicitó a la Santa Sede que el Santo Padre fuera “menos duro” en su crítica al crimen organizado en México. Luego entonces, ¿Quién teme a quién en las presiones, los Estados a la Santa Sede o viceversa?


3.- “Renunció por los casos de pederastia, pues el mismo encubría crímenes”, un argumento igualmente tonto, pues el Santo Padre Benedicto XVI, fue para quien no lo sabe, responsable de exhibir los primeros expedientes de sacerdotes pederastas, y también el primero en el año 2010 en convocar a una “cumbre cardenalicia” para tratar esos condenables asuntos. Según la prensa, el Santo Padre se vio obligado a convocarla, pero obligado cómo por quién, ¿acaso por Doña Carmen Arístegui? Quién en su cacería personal por Marcial Maciel (fundador de los Legionarios de Cristo), exigía que el Papa diera la cara, cuando bien saben quienes conocen de materia eclesial que el primer responsable es el Arzobispo Primado (en el caso mexicano, el Card. Norberto Rivera Carrera). Y al final, fue el propio Santo Padre quién aparto a Maciel de cualquier actividad pública, sometiéndolo a proceso tal y como lo ordenan las leyes eclesiales. O quizá, es que en esta ocasión la “sociedad comercial”, esa que con tanta vehemencia defiende el “abuso en el uso de los derechos humanos” ¿deseaba que la Santa Sede, reinstalara el Tribunal del Santo Oficio para Maciel?


4.- “Después de su renuncia se avecina el fin del mundo, pues ahora será electo Pedro el Romano (el Papa Negro)”, se trata de la famosa profecía de los Papas de San Malaquías; esto definitivamente merece análisis, pues su servidor, quién quizá en buena parte es culpable por este tipo de declaraciones, de ser tildado de “profesar una teología sospechosa”, nunca ha desestimado las curiosidades sobrenaturales. Sin embargo, debo confesar que esta, es una de las pocas veces en que ante tanta insistencia en el comentario, me he visto en la necesidad de buscar entre mis curiosidades una copia facsímil (no textos especulativos de internet) que hace años me regalara un buen amigo, y para mi sorpresa es curioso decir, que en efecto, sí se equipara al Papa Benedicto XVI con el denominado “la gloria del Olivo”, es verdad que ya no hay mas pontífices en la lista. Sin embargo, los especuladores (como siempre poco formados, pues son en su mayoría aficionados que desprecian la lectura), no advierten al lector que después de la alusión que ellos quieren cuadrar al Santo Padre Benedicto XVI, existe un gran espacio en blanco en el folio, antes de hacer alusión al famoso Papa Pedro Romano, donde sin duda pudieran caber un gran número de nombres alusivos a pontífices. Sin duda, esta clase de cosas sucede cuando abunda la histeria, la falta de conocimiento, se carece del ánimo investigador y sobran un montón de charlatanes. En fin, apeguémonos a la misma enseñanza de la Biblia para todo cristiano, referente a que “es profecía falsa, aquella que no se cumple”. Por lo demás, como siempre sigamos insistiendo en que el fin del mundo, es una cuestión fuera de la posibilidad de cálculos humanos y confiemos en las determinaciones de Dios, tal y como lo hizo el mismo Cristo.


5.- “Si Dios eligió al Papa, no puede renunciar, o es que su voluntad es superior a la de Dios”, este silogismo en apariencia inocente, resulta perturbador; pues en efecto, el Papa es elegido por la decisión de Dios que inspira el obrar del los Señores Cardenales en el Conclave, sin embargo, basta pensar que si la voluntad de Dios fuera que el Papa no hubiera renunciado, yo lanzo una duda, ¿acaso ese mismo Dios Omnipotente, no habría tenido tiempo desde la fecha del anuncio de la renuncia del Santo Padre, para cambiar el rumbo de las cosas y haber suscitado un hecho que impidiera el cumplimiento de esa renuncia? Si quien se ha preguntado esta cuestión es una persona que no tiene formación eclesial, creo que es excusable, por lo tanto invito a la débil reflexión que he anotado.


Finalmente aunque no como un punto más, es prudente advertir la inverosímil (aunque no para las personas de Iglesia) decisión del Santo Padre de “desaparecer de la vida pública”, retirándose del mundo a la vida conventual. En definitiva, un hecho que estoy seguro, a más de un “amigo político” que sigue mis notas, le erizara la piel. Mi pregunta es simple, ¿Cuántos serían capaces de una cosa así?  


En fin, así las cosas, considero que lo más importante que debe rondar en nuestras cabezas estos días, es el hecho de que seremos testigos de un hecho increíble “la renuncia de un Santo Padre en pleno siglo XXI”, y la posibilidad de que algún día contemos a nuestros hijos y nietos un hecho que en su tiempo difícilmente creerán.


Por cierto, antes de terminar, envió un afectuoso saludo al abogado Antonio Hernández Jiménez, quien motivo los primeros deseos de esta nota, la que ruego me excusen si se ha prolongado más de lo “prudente”.


Remato esta entrada con las palabras de mi buen amigo Marcos Hernández, cuyas aseveraciones me han parecido muy acertadas: “Digno sucesor de San Pedro, humilde servidor y gran intelectual ha sido Benedicto XVI…”



Dios mediante nos estamos saludando!