domingo, 9 de mayo de 2010

LAS ADOPCIONES POR LA COMUNIDAD GAY


Esta es la segunda parte del comentario que iniciamos hace algunas semanas, como prometí en aquella ocasión expresaría los motivos por los cuales considero inapropiadas las adopciones por parte de parejas del mismo sexo.

De manera que con estas líneas doy cabal cumplimiento a esa promesa –muy a pesar de que se que estos comentarios me pueden costar el resentimiento de muchos amigos-, sinceramente lo hago también porque de una fuente confiable me ha sido comunicada la intención de presentar ante el Congreso Local una propuesta de Ley semejante a la que permitió las “Sociedades de Convivencia” en el Distrito Federal, situación que considero de suceder pondrá este asunto en el primer plano de la actualidad en nuestro Estado.

Comencemos por decir que mi punto de vista no se apoya en consideraciones fundamentalistas, ni mucho menos esta basado en la consideración tradicionalmente machista de nuestra sociedad tlaxcalteca.

Ahora bien, entonces cual es la razón para considerar que si los integrantes de la comunidad LGBT (Lésbico-gay-bisexual-transexual) desean vivir en pareja simplemente es decisión suya, situación esta que en nada altera el orden social; pero inmediatamente viene la pregunta: ¿Si la comunidad homosexual puede vivir en pareja sin que ello parezca antisocial, entonces por qué no concederles adoptar?

Es aquí donde aparece la división de opiniones, ello porque muchos de quienes apoyan las uniones del mismo sexo, quienes no les parecen un asunto social y quienes no estamos a favor ni nos oponemos –como el caso de su servidor-, protestamos de inmediato frente a la idea de las adopciones por parte de personas del mismo sexo –claro que no todos con los mismos argumentos-.

Los argumentos de los “fundamentalistas” son evidentemente la satanización de la homosexualidad, sus consideraciones llegan a tal grado que consideran que la adopción de niños por homosexuales tiene como finalidad que las parejas adoptantes los violen –ello dada la opinión generalizada de los fundamentalistas y tradicionalistas, quienes consideran a los homosexuales como personas que no pueden controlar sus deseos sexuales-.

Por su parte el argumento de aquellos que “apoyan las uniones homosexuales” para oponerse a las adopciones –mismos que hoy son vistos como disidentes por la comunidad gay, ello porque apoyan las uniones pero no la posibilidad de adoptar-, es propiamente la idea de que la lucha por el reconocimiento del derecho a formar una vida en pareja no incluye propiamente la adopción, ello porque una pareja del mismo sexo no siempre se guía por el concepto de pasivo y activo –lo que equivale en el concepto de muchos a decir que una de las dos personas hace el papel de mujer y la otra de hombre-. En consecuencia la adopción en tales condiciones es poco viable, ya que seria necesario estudiar cada pareja para determinar si pudiera o no adoptar, situación que a simple vista ya luce de discriminatoria.

En cuanto a aquellos que se hicieron un lado frente a la posibilidad de los matrimonios del mismo sexo, es decir a “quienes no les pareció un asunto social trascendental”, el argumento básico para protestar frente a las adopciones por personas del mismo sexo es casi unánime, se refiere en este caso a la simple idea de que no es lo mismo hablar de matrimonios del mismo sexo donde dos personas con libre arbitrio deciden por su libre voluntad vivir juntas, que un infante que careciendo de madurez y libre voluntad es obligado a vivir en el seno de una familia que no es igual al grueso de la población. Concluyendo en consecuencia que las personas del mismo sexo en nombre de su derecho a decidir como vivir, atentan contra el derecho de los infantes de crecer con las figuras paterna y materna. Ello sin dejar de lado la dureza que experimentarían estos pequeños en el ambiente escolar, no debemos dejar pasar de lado que es en las escuelas donde la burla y el escarnio de los demás niños destruyen siempre la autoestima de unos pocos.

Ahora bien, “quienes no estamos a favor ni nos oponemos” a las uniones del mismo sexo considero en nuestra mayoría nos oponemos por una razón un tanto naturalista y simple –misma que también incluye como corolario la opinión de quienes consideran este asunto de los matrimonios de homosexuales un hecho intrascendente-, la razón se reduce al siguiente examen:

“¿Un hijo lo da el Estado o la naturaleza? La respuesta es obvia, pues el Estado puede regular la planificación familiar –como el caso de China-, o bien permitir que se tengan los que se quieran –el caso de nuestro país concedido por el artículo 4º Constitucional-, sin embargo el Estado no puede dar lo que el Estado no puede concebir, así que solo se ha limitado a tratar de regular aquello que no puede crear, en el caso de los niños en adopción a otorgar aquellos que han quedado a su cuidado pero que él no ha creado. Así la adopción como figura jurídica nació por dos simples razones: 1. Para no privar a los niños de su derecho a gozar de una familia; y 2. Para permitir a aquellas parejas que por un “fallo” de la naturaleza no pueden concebir, puedan gozar de la dicha de tener un hijo. Queda en evidencia que lo que el Estado hace es permitir que ambos se beneficien tanto el niño a adoptar como la pareja adoptante. Pero respecto a la pareja la pretensión del Estado es que la pareja no se vea privada de tener un hijo por un simple “fallo” de la naturaleza, el problema con la homosexualidad es una segunda pregunta: ¿No poder concebir entre personas del mismo sexo es un “fallo” o simple orden de la naturaleza? La respuesta como puede esperarse es simple. Por lo tanto, puede el Estado subsanar lo que no es subsanable porque no se trata de un “fallo”, sino de una condición natural. No hablamos pues de esterilidad sino de simple naturaleza.”

En otra ocasión ampliaremos nuestro punto de vista, sirva pues por lo pronto lo anteriormente expuesto para entender nuestras razones de oposición.

Pd. Ya en serio, acepto comentarios e incluso recordatorios.

Dios mediante nos estamos saludando!

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