miércoles, 3 de junio de 2026

DE GATOS

Rara vez pienso que la palabra “gato” puede ser despectiva, en mi lenguaje personal no usó esa expresión para referirme a los ayudantes de nadie. Aunque en forma personal siempre la he usado al referirme a mí mismo como “michi”, pero más bien la empleo como una especie de eufemismo para ridiculizar las exageraciones de algunos respecto a sus propias capacidades e influencias (por ejemplo, cuando digo: A muchos michis se nos alimenta con muy buenas whiskas, pero eso no significa que dejemos de ser solo eso, michis con mucha angora, pero al final michis).

No obstante, la realidad es que en estos días he comprobado una opinión mayoritaria de que soy yo, quien se refiere a todos los servidores públicos como “gatos”, aunque insisto que no existe ninguna publicación, grabación o mensaje que pueda probar que alguna vez he usado esa expresión.

Reflexionando en esto, he venido considerando que quizá ese “efecto Mandela”, donde varios recuerdan incluso haber escuchado expresiones de mi como “es un gato”, se deba a que en realidad aquellos que se sienten aludidos cuando digo que a veces uno se excede en su propia estimación de capacidades, sienten que esa palabra les hiere adecuadamente y para hacer real aquella herida me la atribuyen. En otras palabras, su encono los obliga a atribuirme aquellas expresiones que nunca usaría.

Por otro lado, pienso en si los gatos (esos que ronronean y cazan ratones) son capaces de sentir encono, luego viene a mi mente esa gata de mi casa de nombre Roseta, que nunca tuvo buenos modos para con la familia y que hace algunos años nos abandonó para mudarse con el vecino, pero que de vez en cuando nos visita y viene a comer, con un aire que pareciera decir “¡vengo a visitarlos para ver si aún no se han muerto!” (Les dejo una fotografía de la imperfecta).

Al atribuirle palabras a las expresiones de esa gata Roseta, me pregunto si no estoy haciendo lo mismo que mis detractores hacen conmigo, al atribuirme expresiones que nunca he dicho, pero que más de uno, nítidamente afirma haber escuchado de mí.

En fin, entre gatos y seres humanos, lo más común que parece que hasta hoy he encontrado es el encono como elemento de conexión.

¡Si Dios quiere nos saludamos después!

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