miércoles, 6 de mayo de 2009

LA VOCACIÓN EN NUESTROS DÍAS

Después de haber pasado la Semana Santa -misma que para su servidor fue una oportunidad de reflexión muy intensa- y también una vez que estamos pasando este extraño clima social causado por la Influenza Humana, quisiera hacer algunos comentarios respecto a la vocación religiosa.

Antes de entrar directamente a los comentarios quisiera dejar en claro, que no vamos a hacer aquí ningún comentario respecto a la Influenza Humana por dos simples razones: en primer lugar porque la Iglesia Católica se ha sumado de forma unánime a las acciones del Gobierno Federal por lo que no hay nada que agregar (si consideramos la linea de esta entrada); y segunda, porque a nuestro parecer esta emergencia se esta politizando bastante y nos parece inapropiado participar de alguno de los puntos de vista sin tener que tomar partido. Así lo único que podemos decir es que suplicamos al Altísimo, conceda a nuestros médicos e investigadores erradicar este terrible mal, al tiempo que rogamos por la resignación y conformidad de aquellos a quienes esta enfermedad arrebato un ser querido.

Volviendo a lo que nos cruje -ya extrañaba esas irreverencias, jeje-, la Vocación es para muchos una cuestión meramente “mística”, o lo que es lo mismo que por alguna extraña razón ya trae cada quien desde la cuna. En ello podemos estar más o menos de acuerdo, pero en lo que no todos coinciden es en el hecho de que esta debe ser “evidente”. Recuerdo con tristeza el caso de algún seminarista amigo mío, que siempre me dijo que estaba en el seminario porque sus familiares decían que tenia el carácter para dedicarse a lo sagrado, desafortunadamente cuando estaba a punto de ordenarse se salio del seminario porque en secreto -según me dijo- se veía con una chica y no estaba muy seguro de querer dedicarse al Sacerdocio, la conclusión es que era “evidente” su vocación pero Cristo no lo había elegido. Contrariamente a lo anterior recuerdo que algún profesor de la Universidad me comento hace poco de un Sacerdote Jesuita, que era muy grosero en su lenguaje pero que sus actos eran tan dignos de piedad como los de un misionero de la talla de Vasco de Quiroga o Bartolomé de las Casas, seguramente quien lo conocía a simple vista y no tan de cerca como mi profesor pensaría que era un hombre sin vocación, el problema sin duda es que no era “evidente” su vocación sacerdotal.

Hace tiempo que conozco por la Internet a un Seminarista de un instituto religioso de puebla de nombre Aaron -a quien por falta de tiempo no he podido conocerle personalmente-, en alguna ocasión leí en su nick una frase que me permitiré citar hoy -espero no me cobre copyright, jeje-: “la vocación no es cuestión de evidencia sino de decisión”. No pretendemos al citarla decir que en esa frase se encierra la verdad, pero sin duda nos da la oportunidad de preguntarnos si en ella no se contendrá algo de realidad. Así también -tratando de reforzar nuestros argumentos- deseo compartir con ustedes la opinión de un religioso agustino que en cierta ocasión comento en una entrevista vocacional algo muy interesante: “… nadie esta nunca plenamente seguro de haber elegido el camino correcto, de hecho nadie puede estar completamente seguro de que su lugar no es aquí con nosotros… la única forma de estar convencido de que un joven no desea ser religioso es ingresando a una comunidad de Agustinos Recoletos”. Desde luego que esto no aplica solo para quien tiene aspiraciones de ser Agustino, sino que lo extendemos a todo aquel que tiene la inquietud de dedicarse a la “Vida Consagrada”. Por consiguiente, consideramos que no siempre quien tiene aspiraciones a la vida religiosa, tiene por que ser un hombre ejemplar, no se olvide que la mayoría de los Santos fueron hombres con una vida desordenada que en algún momento Cristo llamo a su servicio, y a quienes sin duda quedo muy en claro las palabras del maestro: “Ustedes no me eligieron a mí; he sido yo quien los eligió a ustedes…” (Juan 15, 16)

Desde esta óptica la “vocación” adquiere una nueva valoración, pues si bien es cierto algunas veces, nuestros amigos y familiares pueden criticar y hasta reírse de nuestras ideas -especialmente cuando consideramos seriamente intentar consagrarnos a Dios-, también es cierto que los comentarios de los demás hermanos no deben hacernos abandonar la idea de intentarlo siquiera, pues no tenemos la certeza de que Cristo no nos haya elegido.

Así, quisiéramos dejar en claro que la “Vocación” es más compleja de lo que parece, ya que muchas de las veces no se trata de una cuestión de evidencia, sino que se lo pregunten a Levi el cobrador de impuestos (Apóstol Mateo) cuando el maestro le dijo: “ven y sígueme” (Lucas 5, 27). En consecuencia y aunque no es una verdad absoluta, tal vez la forma más factible de descubrir si Dios nos ha llamado a su servicio sea ingresar ya sea a una comunidad religiosa (mujeres y hombres) o bien en el caso de los hombres al Seminario.

La anterior reflexión se debe considerar, desde luego sin olvidar que la vida matrimonial y la vida de soltería también son opciones de servicio y testimonio cristiano.

Finalmente, la invitación para que si tienes la inquietud de la vida consagrada te pongas en contacto con nosotros, al correo: dogmaticohoy21@hotmail.com

Dios mediante nos estamos saludando!

1 comentario:

Anónimo dijo...

K onda!

Interesante mi Erik, pero por poco me convences... pero... la verdad todavía no.

No ya en serio, lo que comentas esta muy padre y muy fresh, pero me gustaria más que hablaras un poco de la forma de actuar de las personas, eres muy bueno para eso, de manera especial sobre el rencor. Te juro que no es proyección, jaja

Te cuidas y bye. Soy Sarita quien más XOXO